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Discurso Coord. Residente por Aniversario ONU

Discurso por el Día de las Naciones Unidas - 2008
José Manuel Hermida,
Coordinador Residente del Sistema de las Naciones Unidas en el Ecuador

Introducción

"La Tormenta Perfecta", el título del libro del periodista norteamericano Sebastián Junger, describe varios fenómenos meteorológicos simultáneos que sacudieron la Costa Este de Estados Unidos en 1991, resultando en una tormenta de gran magnitud y resultados devastadores. La explicación de dichos fenómenos no concierne exclusivamente a los elementos climáticos, como podría suponerse. Por el contrario, está íntimamente vinculada con una serie de factores políticos, económicos, sociales y ambientales, cuya convergencia está llevando a un potencial cataclismo mundial de dimensiones nunca antes vividas. Recurro al texto citado como parábola de lo que sucede de modo global, aunque con consecuencias más severas para el mundo en desarrollo.  Entre los factores convergentes más impactantes están el cambio climático, el aumento de los precios de los alimentos y el crecimiento de la población, todo dentro de un contexto de degradación de los finitos recursos naturales. La profundización de las brechas entre los países y la persistencia de la pobreza caracterizan esa “tormenta perfecta” en el mundo actual.

“Dieta para un planeta pequeño”

Ya en 1971, la autora Frances Moore Lappe publicó el libro titulado "Dieta para un planeta pequeño", donde exponía las paradojas del consumo mundial de alimentos. La autora realizaba propuestas drásticas sobre el estilo de vida de las pueblos, asociadas a lograr cambios en los hábitos alimenticios de los consumidores y opciones alternativas para los productores de alimentos. El libro de Moore predecía, en sentido metafórico, la importancia de conservar los denominados "bienes públicos globales" (entre ellos: la paz y la seguridad, un ambiente íntegro, la salud, la herencia cultural, y también aspectos como la estabilidad financiera, el conocimiento y la información). En la actualidad el consumo y la producción de ciertos alimentos sigue en debate por muchos y nuevos motivos, entre ellos su contribución al cambio climático, el connotado fenómeno caracterizado por el aumento de la temperatura de la superficie terrestre.

La razón principal de la subida de la temperatura en el planeta es un proceso de industrialización iniciado hace siglo y medio y, en particular, la combustión de cantidades cada vez mayores de petróleo, gasolina y carbón, la tala de bosques y la explotación agrícola extensiva. La preocupación mundial suscitada por este fenómeno, conjuntamente con crisis energética provocada por la escasez de los combustibles fósiles, ha generado la necesidad de encontrar alternativas a su utilización. Así, los biocombustibles han emergido como una importante y pujante industria agraria a nivel global. No obstante, el entusiasmo provocado por esta industria novel está generando, entre otras consecuencias, una crisis alimentaría por el aumento de los precios internacionales de los alimentos, particularmente del maíz, el trigo, el arroz, y oleaginosas, que en algunos casos superan el 100% (CEP AL, 2008). Resulta, en efecto, más rentable producir granos para que sean utilizados como biocombustibles que para consumo humano. 

América Latina y el Caribe no escapan a esta realidad y los datos de la CEPAL proyectan un aumento de alrededor del 3% para la indigencia y la pobreza en la región (CEPAL, 2008).  Paradójicamente, entonces, a la vez que se encuentra una potencial solución para la crisis energética en los biocombustibles, su entusiasta recibimiento contribuye, de forma parcial pero importante, a provocar una crisis alimentaria. Así, el Objetivo del Milenio #1, la reducción de la pobreza y el hambre, resulta seriamente afectado.

Pero, no sólo las condiciones climáticas y medioambientales han evolucionado desde la publicación de "Dieta para un planeta pequeño", también lo han hecho las estructuras económicas y geopolíticas. Los países con economías emergentes, como China y la India, y Brasil y México en nuestra región, han surgido como actores importantes en el contexto económico y político. Este surgimiento ha obligado a cuestionar la estructura de la gobernabilidad internacional pues estos Estados constituyen un contrapeso importante en la adopción de decisiones y tienen aspiraciones legítimas de desarrollo. Sin embargo, ¿estamos en condiciones de exigirles que no emulen los patrones de consumo de los países desarrollados?

Responsabilidad compartida pero diferenciada entre los países ricos y pobres

Conviene contextualizar un poco esta situación.

La nueva mundialización es también el resultado de un largo y profundo proceso económico, ideológico, político y social. El ámbito económico de la globalización es un elemento fundamental y emerge como consecuencia del flujo de ideas, bienes, servicios y capital. De forma paralela, el comercio internacional se ha convertido en un factor imprescindible a considerar en el contexto del crecimiento económico y del desarrollo sostenible. Precisamente, muchos países en desarrollo consideran vital el acceso de sus productos a diversos mercados, libre de medidas proteccionistas. Esta preocupación puede prevalecer sobre otras inquietudes, como cuestiones atinentes a los derechos humanos o las previsiones de carácter ambiental.

¿Cómo se puede esperar que los países en vías de desarrollo, los países con economías emergentes otorguen, en la formulación de sus políticas públicas, el mismo peso a consideraciones de sostenibilidad, al mantenimiento de los bienes públicos globales, que a las políticas económicas y productivas enfocadas al desarrollo para mejorar las condiciones de vida de su ciudadanía? ¿Tienen estos países la responsabilidad de negarse a utilizar las herramientas comprobadas exitosamente por los países ricos para conseguir el desarrollo, por nocivas que hayan sido para el mantenimiento de los bienes públicos globales? ¿Están en capacidad hacerlo?

Precisamente, el Gobierno del Ecuador se inserta en este debate a través de su innovadora propuesta de no explotar petróleo en la zona amazónica del Yasuní para precautelar su inconmensurable riqueza biológica, a cambio de una compensación del mundo desarrollado bajo el principio de la corresponsabilidad internacional frente a los bienes públicos globales. Y es fueron los países hoy desarrollados, que libraron revoluciones industriales alimentando sus sistemas productivos y agrícolas con combustibles fósiles y otros factores de producción de bajo precio pero altamente emisores de gases de efecto invernadero, los mayores causantes del daño en la capa de ozono, el calentamiento global y la contaminación del agua.

La adecuada utilización de los recursos naturales, la identificación de alternativas y la toma de decisiones vinculantes para detener el deterioro en los bienes públicos globales es una responsabilidad compartida y colectiva global. Los costos asociados a esas alternativas, sin embargo, deben de recaer de manera diferenciada entre los países del Norte y del Sur.

Hacia una alianza global para el desarrollo

Para abordar adecuadamente muchas de las cuestiones más urgentes del debate internacional actual hay que reconocer que éstas sobrepasan el marco estrecho del Estado. La promoción del desarrollo humano, la protección del medio ambiente, la protección e implementación de los derechos humanos, la lucha contra el SIDA, el combate contra la exclusión social y la actual crisis financiera internacional constituyen temas que subrayan la necesidad imperiosa de globalizar la reflexión para lograr una solución satisfactoria. Las reglas del multilateralismo requieren por tanto ser fortalecidas y modificadas de forma que reflejen una estructura más democrática y eficaz en la toma de decisiones. Baste citar, como ejemplo, al Fondo Monetario Internacional, organización que fue creada, entre otras cosas, para evitar que una nueva crisis financiera se produjera en el mundo, luego del colapso de los años 30 del siglo pasado.

Para gestionar colectivamente medidas apropiadas, que se vislumbran aún como utópicas, se requerirá una gobernabilidad internacional compuesta por instituciones multilaterales con legitimidad universal por su representatividad y ejercicio de poder equitativo. La comunidad internacional debería estar axiológicamente comprometida con la construcción de una sociedad de iguales -aunque no idénticos-, orientada por los valores de la solidaridad. En definitiva, el nuevo paradigma en el ámbito internacional debe estar cimentado en los principios de equidad y legitimidad.

Para alcanzar tales objetivos, el sistema internacional requiere igualmente de una urgente reforma que signifique obligaciones diáfanas y vinculantes en materia de derechos humanos, con la capacidad de conformar un contrapeso normativo efectivo a los intereses y finalidades concentrados en el mercado y en la fluidez del comercio internacional. La realidad es hoy diametralmente opuesta: una cantidad importante de instrumentos internacionales del soft law (como las resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas y las declaraciones internacionales y regionales) que atienden a las cuestiones de derechos humanos, en abierto contraste con acuerdos vinculantes en materia de comercio internacional, apoyados por eficaces mecanismos de solución de diferencias.

En suma, el objetivo de la equidad, en el nuevo paradigma de la gobernabilidad internacional, requiere particularmente estar en línea con el Objetivo del Milenio #8, relativo a la instauración de una alianza global para el desarrollo, que apunta hacia un sistema de comercio y finanzas abierto, basado en reglas predecibles y no discriminatorias, comprometido a su vez con la "buena" gobernabilidad, el desarrollo y la reducción de la pobreza -nacional e internacionalmente.

Para vivir en paz y procurar tener un mundo libre de miseria, se requerirá nada menos que un cambio de paradigma, una revolución de un orden similar al cambio de estructuras políticas, económicas y sociales de poder que significó el paso del feudalismo al surgimiento del mercado. Un cambio drástico como el sugerido por Frances Moore Lappe desde 1971.       

Muchas gracias.